Amistad con Horario de Oficina

Hace unos meses retomé el contacto con un viejo amigo. Según él, al que llamaremos J., estuvo años buscándome y, cuando por fin me encontró, me confesó que siempre se había arrepentido de haberme dejado. Me explico: estuvimos juntos más o menos un mes, él quiso dejarlo ahí y después nos continuamos viendo y haciendo lo que nos apetecía. Esta situación se prolongó durante años con parones cuando alguno de los dos tenía pareja.  Yo guardo un buen recuerdo de él y le tengo cariño pero se ve que, para él, esa extraña relación de idas y venidas que ambos mantuvimos significó bastante en su vida.

Ahora tenemos una rara amistad condicionada por los enfermizos celos de su novia.

Esta es la historia: su pareja y yo ya nos habíamos visto por ahí muchas veces. Yo sabía quién era ella y ella sabía perfectamente quién era yo y lo que hacía con su novio cuando ellos dos lo dejaban temporalmente. Yo nunca me sentí utilizada. Y mucho menos él.

Ella no me puede ni ver. Es algo enfermizo. Al parecer, J. no me puede ni nombrar aún después de tantos años. Se ve que ella siente celos hacia cualquier mujer pero conmigo roza la patología. Para colmo, un día debió de sentirse inspirada y le hizo a J. una pregunta fatídica:

-“Desde que estamos juntos, ¿has tenido fantasías sexuales con otra mujer?”

Ay, ay, ay, nena. Qué tonta eres.  La pobre ilusa pensaba que le iba a contestar que no, que ella había sido su diosa sexual desde el principio de los tiempos.

Ahí va la respuesta del pobre incauto:

-“Sí, con  L.” -(o sea, yo).

Madre mía. Otro tonto. Si sabes que tu novia te la va a liar si no le contestas lo que quiere oír,¿para qué dices la verdad? Si ella es tan tonta como para  preguntar semejante cosa sabiendo que quizá no pueda afrontar la respuesta, ¿para qué la hace? En fin, dos tontos muy tontos. Hacen bien en estar juntos.

Total, que desde entonces, esta mujer quiere hacer vudú conmigo.

Ahora que él y yo nos hemos reencontrado (por cierto, no lo he visto todavía, él vive en mi ciudad natal), le resulta impensable siquiera nombrarme delante de ella. Y mucho menos decirle que hemos hablado por teléfono o por mail. Por supuesto, no puedo llamarlo  libremente más que en horario de oficina, que es cuando ella no está presente.
Los celos de esta mujer han llegado a tal punto que, según J., cuando están juntos y él recibe un mensaje, ella le coge el móvil y es la primera que lo lee.

Aberrante ella y aberrante la actitud de él por permitírselo. Pero bueno, él sabrá.

El caso es que sí, tengo un amigo  con horario de oficina: abierto de lunes a viernes de 10 a 19:30.

Cerrado fines de semana y festivos.

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