Self-Love Story

Desde hace un tiempo, siento mi cuerpo vivo y vibrante. Es como si todo lo sintiese al 200%, lo cual me aporta sensaciones increibles y momentos muy interesantes. Me gusta observar cómo me siento en uno de esos momentos de trance (así lo llamo, ya que no se trata de excitación sexual pura y dura, sino de algo mucho más intenso que recorre mi cuerpo de arriba abajo y de izquierda a derecha, una increible sensación ante la que no puedo más que rendirme).

Es curioso que no sea algo externo lo que me produce el trance. Es decir, normalmente me excito cuando tengo algún tipo de estímulo externo o pienso en algo que me altera. En cambio, cuando tengo el trance, lo tengo durante horas, e incluso días, sin que nada lo haya provocado. Es un continuo sentir de encantadora locura silenciosa, poros quejándose y desperezándose, respiración acelerada… Incluso me cambia la mirada, soy consciente de ello.

Mi trance de hoy me ha llevado a sentir uno de los momentos más íntimos y especiales que he tenido nunca.

Me desnudo. Abro el agua de la ducha. Me recojo el pelo. Entro, y el agua empieza a recorrer mis piernas y mi ombligo. Primer estremecimiento. El resto de mi piel está fría, se queja. El agua cae por mi pecho, desafiante. Llega a los hombros, al cuello. Segundo estremecimiento. Me arranca un gemido ahogado que se confunde con la música que he puesto de fondo. El chorro de agua cae ahora por mi nuca, salpicando mis hombros, cayendo por mis pechos, que continúan desafiantes, sin ceder ante el calor. Cae por mi cintura, por mi ombligo, se mete entre mis piernas. Me acaricio la nuca y soy consciente de mi cuerpo despierto. Me acaricio los hombros y la cintura. Tercer estremecimiento. El vapor va nublando mi cuarto de baño y mis sentidos al mismo tiempo. La música me incita a mover mis caderas suavemente, sólo un par de movimientos mientras me enjabono. Me inclino un poquito hacia adelante para que el agua caiga justo al final de mi espalda, donde las lumbares se juntan y existe ese pequeño hueco que recubre la columna, un camino hacia un lugar escondido…

Recorro mis caderas con mis manos, parándome en lugares enrojecidos por las marcas que la ropa interior  ha dejado durante la noche. No importa que me haya recogido el cabello: al final se me moja, sin querer. Recorro mi cuerpo, como todos los días, pero hoy es diferente, hoy lo recorro reconociéndolo, como si hiciera mucho que no me encuentro con él. Me miro como me miran algunos hombres y, por un momento, entiendo algunas cosas…

Han pasado algunas horas. El trance no ha desaparecido aún.

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4 comentarios en “Self-Love Story

  1. Hubo un tiempo en que el mundo estaba lleno de escritores eróticos que querían que les leyese. No es que mi opinión valga mucho, es que los leía, xD.

Talk to me, baby

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