TU BESO

Me miras.

Yo ya te estaba mirando.

No queda otra opción porque no hacerlo sería como quedarse sin aire a 100 metros bajo el agua.

Agarras mi cuello, suavemente, apoyando tus pulgares en mis mejillas.

Y lo haces.

No hay más remedio.

Apoyas tus labios en los míos, primero con miedo, pidiendo permiso. Es una caricia leve. Y te doy permiso porque yo también te lo estaba pidiendo.

Sigues acariciando mis labios, muy suavemente, muy lentamente, deliciosamente.

Siento un suspiro de alivio que te recorre. Te relajas y tu cuerpo me pide que el mío te siga. Y yo, que ya te seguía mucho antes de que empezaras, entreabro mi boca para saborearte, al tiempo que introduces tu lengua intentando no apresurarte. Con cada movimiento, tus labios me provocan ligeros escalofríos, haciendo que a los míos no les quede más remedio que seguirlos y dedicarme a saborear la delicia de tu boca y el calor que desprende. Mi lengua y la tuya hacen un pacto implícito para explorarnos por turnos, aunque a veces, juguetonas, se encuentran, se entrelazan y se retan.

Tomas mi labio inferior y le das un pequeño mordisco que me hace contener la respiración y acelera mi pulso. Sin darme tregua, cubres de nuevo mi boca con la tuya, arrancándome un gemido ahogado, que se pierde, porque tu boca así lo quiere.

Me doy cuenta de que ahora sonríes mientras no dejas de besarme. Sabes que estoy disfrutando este momento como si mañana fuera a morir, abandonándome, haciendo y dejándome hacer.

Y me encanta tu saliva, que se junta con la mía. Y tu lengua que no para, que me hace cosquillas, me incita, me provoca.

Y pienso que ya está bien, que ahora me toca a mí. Y ahora soy yo la que te toma por la nuca mientras lamo tu labio inferior. Un lamido húmedo y casi, casi lascivo. Y lo hago tan lentamente que te siento morir. Quieres luchar, pero ya te tengo. Mi lengua deja de lamerte para meterse en tu boca y lamerte por dentro, lamer tus dientes, lamer tu lengua, lamer tu calor, lamer tu dulzura, tu alma, beberte.

Ahora eres tú el que se empieza a rendir. Cedes territorio, abandonándote al inmenso placer de dejarte besar, de dejarte lamer, de dejarte explorar. Me haces pensar que ya lo he conseguido y es entonces cuando te sublevas, me agarras con firmeza por la cintura y tu beso termina de desarmarme. Todo tu calor entra en mi cuerpo como un huracán mientras, de nuevo, muerdes con dulzura, pero sin dejarlo escapar, mi labio inferior, para pasarle después la lengua y sanarlo con tu saliva. Es demasiado para mí. Este gemido que has arrancado del fondo de mi alma te dice que has ganado. Y yo, que al perder he ganado más que tú, me abandono, me olvido de mí y entro en El Trance.

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2 comentarios en “TU BESO

  1. No siempre tengo comentarios ingeniosos que soltar, y sin embargo la necesidad de decir que un texto me ha gustado es acuciante.

Talk to me, baby

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