Unfaithfully Yours

Siempre me da por pensar en cosas profundas cuando realizo actividades banales. El sábado pasado, mientras esperaba mi turno en la pescadería, me puse a pensar en el concepto de pareja, sus pros y contras, la evolución de sus miembros, o cómo se aplica todo esto a mi persona.

Por eso no os debe extrañar que, con 14 años y en el transcurso de una actividad tan cotidiana y banal como pasear a mi perro, comenzara un largo discurso interno sobre la existencia de Dios. Discurso que no comenzó con ningún detonante del tipo “muerte catastrófica de ser cercano y yo cayendo de rodillas clamando al cielo y jurando que nunca volvería a creer en un ser supremo”.

No. Fue un pensamiento que me vino así, sin más.

Me crié en el catolicismo.

Me bauticé.

Hice la Primera Comunión.

Iba a misa.

Rezaba por las noches.

Me confesaba.

Creía en Dios.

Ese día salí de casa creyendo en él y regresé sin fe. Todavía no sé muy bien cómo ocurrió, cómo alguien con férreas ideas católicas pudo cambiar de opinión de ese modo. Sí recuerdo que, en el transcurso de esas horas, en ese monólogo interno, me venían preguntas a la cabeza como “¿Y si lo que me han contado no es cierto? Es más, ¿quién me puede asegurar que lo que me han contado es cierto?” Y sentí, así, sin más, con el discurrir de mis pensamientos, que Dios era un invento del hombre. No hizo falta que me lo hiciera ver nadie ni ninguna situación catastrófica.

A veces me gustaría no pensar tanto.

Con frecuencia, extraño la sensación de confort que produce creer.  Si existe una constante en mi vida, es la sensación de desamparo.

Envidio a la gente que cree, porque se siente reconfortada. Tienen algo a lo que aferrarse y, aunque muchos me diréis que están ciegos, que son ovejas tontas, creo que yo sería más feliz si pudiera creer.

Temo a la muerte. En realidad, temo a lo que pueda haber después de la muerte. Me aterroriza pensar que tras esta vida no hay nada, que mi cuerpo se lo comerán los gusanos, que mi alma, si es que la tengo, no será nada más que un “pedazo” de “algo” de energía que se transformará en qué sé yo.

Porque si eso es cierto, significará que toda la gente que quiero desaparecerá para siempre y esa idea me produce demasiado dolor.

Mi padre, con el que guardo un parecido asombroso en cuestión de vivencias y sensaciones, siendo de los 6 hermanos la que más se asemeja a él, dice que siente muchas veces a su madre. Nunca me ha nombrado a nadie más. Sólo a su madre. Y yo, quiero creer.

Pero ya sabéis que yo, dudo de todo.

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12 comentarios en “Unfaithfully Yours

  1. el tema de la fe es muy personal. Nunca he tenido por varias razones. Hombres que han escrito un libro supuestamente dictado por dios me dicen que tenga fe en dios. no me parece convincente. ademas con la cantidad de religiones que hay la nuestra siempre es la verdadera. Ahi falla algo. Dios es el clavo ardiente al que agarrarnos y su contrapartida malefica la justificacion de los errores. Creo que soy agnostico pero dudo hasta de eso. La muerte me aterra pero creo la vida es como la virginidad y en algun momento hay que perderla para saber que siente despues. si no hay nada no sentiremos nada y como relata el replicante todos esos momentos se perderan como lagrimas en la lluvia

    • @Jac, querido:

      El tema de la fe es muy personal? Jo, no me había dado cuenta cuando escribí el post… 😛

      En mi caso particular, lo que más me sorprende es la pérdida de fe después de haberla tenido. Y mucho.

  2. Cada vez que entro en tu blog a leer uno de tus textos me doy cuenta que somos varios los que compartimos tus mismas ideas, así que: o bien no eres tan extraterrestre como creías, o bien es que venimos todos del mismo planeta.
    Entre dios y yo hay todavía una discusión pendiente, pero me niego a creer que la vida, mi vida y la de todos los seres a los que amo, terminará irremediablemente en una caja de madera… yo quiero algo más, pero por si acaso no hay nada, puedo vivir con la intriga, no hay prisa.
    😉

    • Hola, @Ana:

      Es cierto que los que nos citamos en este blog somos cada uno de su padre y de su madre y para darnos de comer aparte, si bien mi característica de extraterrestre no lo es tanto por el conjunto sin por los detalles.

      Yo quiero, necesito creer. Y cuanto más lo necesito, menos creo.

  3. Leyendo lo que escribe Ana también, parece que sí, que ese pensamiento tuyo es compartido por muchos. En concreto coincido contigo mucho en el pensamiento de que qué bonito sería creer, tener la capacidad de creer. Da igual qué religión. La católica nos es la más cómoda y cercana claro está, pero no sé porqué, un día llegué a la misma conclusión que tú (habiendo recibido una educación católica en el colegio y en casa), más o menos con la misma edad, y así hasta hoy que me pregunto lo mismo que tú de nuevo, qué descanso sería tener fé. He conocido mucha gente a la que preguntar, y de la que han salido consejos maravillosos para creer, pero ese espacio de tiempo que pasé de negación total parece que ha causado mella.

    Si te digo todo esto es porque, aunque no lo he comprobado en persona , sí lo he visto en gente muy muy cercana, y te puedo decir que si tienes esa inquietud, nunca es tarde(bueno lo he intentado pero no resultó). Y sobre todo, para gente del mundillo (qué forma más cómica de llamar a los curas y a las monjas… jajaja) le será de gran alegría poder ayudarte, explicarte y aconsejarte sin ningún tipo de contrapartida en forma de penitencia o algo así tal y como lo hacían antes en los colegios. Ten en cuenta que ahora cuesta menos encontrar a religiosos de tu edad, no como antes que parece que todos eran de otro siglo y otra época… Claro está que sólo te contarán los pros, pero muchos tienen historias personales que quizá te sirvan de mucha ayuda. A mí me ayudaron mucho, la verdad.

    Jo! perdón por el tostón, pero es que tu historía me ha resultado más que familiar xD

    Saludos!

    • Hola, @Quico:

      Bienvenido y gracias por tu aportación.

      En primer lugar: no te disculpes por el “tostón”. Los comentarios son abiertos y pueden tener la longitud que queráis, para que expreséis lo que os venga en gana y como mejor os sintáis.

      Soy de la opinión de que la fe, o se tiene o no se tiene. No se puede forzar. Por mucho que curas y monjas me puedan querer ayudar, no tengo manera de creer, porque no lo siento.

      He buscado, indagado, leído, escuchado… y lo único que puedo llegar a sentir es, en algunas ocasiones, una especie de Consciencia Colectiva, algo que me cuesta explicar pero que vendría a resultar algo así como una especie de conexión entre todos y cada uno de nosotros, no sólo personas, sino cualquier ser vivo. Esa conexión la he llegado a sentir en varias ocasiones. Hace meses fue con una persona especial que desapareció de mi vida pero con la que todavía siento contacto. En fin, algo extraño.

      Un saludo.

  4. “Pero, ¿qué pasa? ¿qué invento es éste?” (Sara Montiel dixit)

    Qué mundo estamos dejando a nuestros hijos.
    Vamos directos al abismo (y no es un bar, quede claro).
    Haced el favor de seguir creyendo en mí.
    Que no tengo todo el tiempo del mundo para seguir convenciéndoos de mi magnanimidad.
    Creed.
    Arrodillaos.
    Trabajad para mí.
    Y no quiero escuchar la más mínima queja.
    Yo, al menos, nunca os he bajado el sueldo.
    Ni os he subido el IVA.
    Gracias por su atención.

    “Maneteneos Alerta!” [Corintios, 16:13]

    • Perdón, perdón, pero la frase conrrecta es la siguiente:

      Pero, ¿qué pasa?, ¿qué invento es esto?

      Montieladas aparte, me ha convencido usted. Sobre todo con el argumento del salario y el IVA.

      Eso sí, al ir a arrodillarme me he encontrado con un palitroque golpeándome la frente. Qué era?

  5. Nunca me sobró fe, en Dios digo, y además la poca que me acostumbraron a tener me la dejé atrás hace tiempo. Hoy me cambiaría sin dudar por alguien religioso, no es nada cómodo mirar a la muerte desarmado, pero nada, no lo consigo, soy poco pragmático.
    Un abrazo.

  6. Yo la fe la perdí hace años, por efecto rebote y por haber conocido la hipocresía del poder establecido desde cierta parte del interior.
    No, no he estado en el seminario ni cosa parecida.
    Pero tuve una época con 16-17 años en los que andaba muy metido en grupos parroquiales, convivencias de fin de semana y vainas por el estilo. A cuenta de eso pude ver lo que realmente se cocía por dentro.
    Y fue cuando me dije que dios (no lo he vuelto a poner en mayúscula, a quien no le guste que le ponga azúcar) puede que exista (no creo), pero desde luego que el imperio que se montó una parte de la humanidad a cuenta de semejante invento, es para meterles un petardo en el culo a todos. Y darles unas hostias.
    Así que a tomar por el culo.
    Del resto de las religiones no puedo opinar, pero por lo que se ve desde fuera, no creo que la cosa cambie mucho.
    En todo caso, me la sopla.

Talk to me, baby

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