La imagen del horror

Aviso:
Las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad de más de uno.
Estás avisado. Las fotos que hice esta mañana no son aptas para cualquiera.
Son las imágenes del horror.
Si, después de todo, crees que tienes estómago, adelante, dale hacia abajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El horror

 

Te lo dije.
Ahí está, mirándome, cada vez que bajo las escaleras de mi casa. Con ese papel celofán rojo y arrugado. Esa decoración más vieja que carracuca. Ese lazo en lo alto. Hace escasos días me levanté, salí de casa y me lo encontré de frente. Qué susto. Qué horror. Qué despropósito.
Me pregunto quién lo habrá puesto ahí. Quién lo habrá decorado. ¿Lo habrá hecho con ilusión o con la vergüenza de pensar que alguien lo podía pillar? ¿Quién  de todos los vecinos habŕa escogido la decoración? Porque, encima, esto lo pagará la comunidad. ¿Existirá una comisión de festejos? ¿Habrá en mi edificio alguien orgulloso de semejante tarea? Eh, y en la foto ha salido mejor que en la realidad!

La decoración navideña no me gusta. En realidad, no me gusta la Navidad, como a tanta gente. No me gusta llegar a casa de mis padres unos días antes de Nochebuena y que mi madre me diga que me estaba esperando para que la ayudara a decorar la casa, aunque sea con cuatro cosas. Me agobia, qué queréis, es una sensación extraña. Me recuerda a un mundo de ensueño que sólo dura unos días. De pequeña me entristecía muchísimo cuando llegaba el 8 de enero, yo tenía que volver al colegio y al llegar a casa me encontraba con que la decoración que tanto me gustaba ya no existía, ja, porque yo quería vivir todo el año así, entre guirnaldas, campanillas y niños Jesuses monísimos gateando sobre paja de verdad (que mi madre siempre ha decorado la casa con muchísimo más gusto que este horror que tengo al pie de la escalera). Por eso creo que aprendí a tenerle tirria a la decoración navideña y, en general, a la Navidad. Cosa más agobiante, por favor!

El día de Nochebuena mis 5 hermanos, mis dos sobrinos legítimos y el postizo más cuñada y a veces perros, nos juntamos y siempre se lía. Pero siempre. Alguien acaba a bofetadas con alguien. No a bofetadas físicas, pero casi. Dios, qué estrés. Claro que cuando nos ponemos todos a hablar por los codos y a empinar el codo, ese codo vigués que Dios nos dio, no hay quien nos gane. Así que, prácticamente, empiezo la cena bebiendo vino blanco, en el segundo plato me paso a tinto, luego viene el cava (aunque este último no me llama demasiado, salvo si es un champagne tipo Moët, Dom Perignon o Veuve Cliquot – aquí es cuando me podéis poner a caer de un burro, plebeyos-) y luego pasamos al ron o así. Digo así porque, en general, ya no me acuerdo de qué viene después. Aún me acuerdo de cuando trabajaba en Moët y caían cajas en Navidad. Una Nochebuena me bebí una botella entera de Veuve Cliquot, más todo lo que me había bebido previamente y terminé vomitando en el baño, pero sin hacer diana. O sea, que terminé con las botas vomitadas. Y mi familia descojonándose. ¿Serán cabrones? Ahora me modero mucho más, pero la Navidad me puede, así que nada, como no puedo luchar contra ella, me rindo y ¡hala! a comer y beber, a gritar y cantar y esas cosas. A los 4 días me vuelvo a Barcelona porque eso no hay alien que lo aguante mucho tiempo.

Me he desviado del tema.
Mirad qué imagen más triste:

 

El árbol castigado

Y esta es más triste aún:

 

El árbol Calimero

Es como si lo hubieran metido con calzador, porque no pega ni con cola. No encaja, coño.

Ay, en el fondo le voy a coger cariño.

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14 comentarios en “La imagen del horror

  1. Probablmente han sido enanitos, enanitos de verdad no nosotros, de los que tienen las orejas picudas y marcas del latigo de Papa Noel en su robusta espaldita de enano.
    Debes de volver a mirar la navidad desde los ojos de una niña, de modo que pidas regalos como si fuesen gratis, los cuales te los trae un gordo barrigudo sin pedir nada a cambio, tan solo tu bondad a lo largo de todo el año. Para revivir ese espiritu te recomiendo que veas las grandes peliculas cinematograficas sobre la navidad, con las que nos deleitan cada año, antena 3, telcinco and company.

    • Que pida regalos como si fuera gratis…. una olla, por ejemplo?
      Los putos enanos, que mal gusto tienen.
      Kashim, la URL que has puesto es un enlace a la página principal de mi blog. Pretendes formar un bucle infinito? Que me vuelva (más) tarada o qué?

  2. Pues es una buena muestra de una soledad navideña estrellada arrinconada en el frío blanco de un portal. Muy… poético. 😛
    Aunque tampoco lo veo tan terrible, hay alguno en el escaparate del chino al lao de mi casa que le gana por goleada. Blanco en fibra de vidrio de los que dan colorines cuando se enchufan. Aunque lo que es cierto que no está en soledad: tiene por compañía varios sacos de sustrato vegetal y tendales plegables.
    Deberías pensar en ponerle un belén al lado al pobre calimero castigao este, SheSays. Por lo menos que tenga con quien hablar, ¿no?

  3. Es cuando me pongo, no hay quien me gane a poesía gráfica…
    Ya digo, al final me lo querré llevar a casa de la penita que me da. O me pondré a hablar con él. Esto ya me preocupa más…

  4. Podría ser muuucho peor, Al menos no tiene luces de colores (será por no gastar, no por falta de ganas horteriles)

    Para denunciar esto en condiciones y que quede patente ante tu vecindario que esto te parece un horror cambia cada bola por culos de chorizo con su cuerda y todo.
    A fin de año el pestazo que habrá en el portal les quitará las ganas de hacer esto más.

  5. Puedes probar a arrodillarte delante de él cada vez que pases. Por si situación y el aire ionizado que puedo ver con mis ojos mágicos, seguro que algún milagro pasa si lo veneras lo suficiente.

    • Pero arrodillarme, arrodillarme? O hacer una semigenuflexión? Porque claro, no es lo mismo. Pero… me tengo que santiguar? No, verdad, porque un árbol de Navidad es laico. Pero, y si me santiguo, pasará algo? Y… si me llevo secretamente una bolita a mi casa y duermo con ella, me ducho con ella, desayuno con ella? Será lo mismo?

Talk to me, baby

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