A ciegas


Me colocas, de pie, en medio de la habitación.

Me pones el antifaz.

Silencio.

Escucho tu respiración profunda, tranquila, controlándome.

Siento que te acercas más. Pienso que me vas a besar y entreabro la boca.

Pero lo que estás haciendo es susurrarme al oído:

“Te vas a desnudar como yo te diga”

Esa orden me causa un escalofrío abrumador.

Quiero abandonarme y jugar. Al mismo tiempo, tengo miedo.

Estoy ahí, de pie, sin ver, mientras me vas  rodeando tranquilamente.

Silencio.

“¿Dónde estás?” apenas puedo articular palabra.

Silencio.

Espero, mientras la tensión se vuelve cada vez más insoportable.

Noto tu mano. Un dedo señala mi chaqueta.

Me la quito.

Señalas mi pantalón.

Me lo bajo. Intento quitarme primero los tacones. Pero no me dejas. Me saco el pantalón como puedo.

Tengo frío. La piel se me eriza. Me quieres llevar más al límite y me vuelvo loca cuando creo escuchar dos hielos chocando en un vaso.

Tocas mi blusa. La desabrocho y la dejo caer. No llevo nada debajo.

Escucho cómo coges un hielo. Lo acercas a mis labios. Lo introduces en mi boca. Lo sujeto con los dientes y, súbitamente, noto tu boca sobre la mía. Me estremezco ante ese repentino calor en contraste con el frío del hielo en mi lengua.

Deshacemos el hielo, nos lo bebemos, lo mezclamos con nuestra saliva, nos mordemos, tenemos los labios anestesiados. Estamos realmente hambrientos.

De pronto, siento cómo bajas. Cómo te arrodillas ante mí.

Y me engañas. Porque ahora, lo que estás haciendo es descalzarme. Desnudas mis pies para dejarme ahí, en medio de la habitación, descalza, con un antifaz y unas bragas, los labios mordidos e hinchados y fríos.

Siento que te alejas. Siento que me observas. Siento que estoy a tu merced.

Te vuelves a acercar. Me susurras un “te voy a bajar las bragas” tan ronco de excitación que apenas puedo controlar un gemido. Estoy empezando a perder el control y creo que necesito que me toques o voy a estallar. Vuelves a bajar.

Vuelves a ponerte de rodillas. Me bajas las bragas sólo un poquito, hasta medio muslo. Es entonces cuando me matas con ese “clic” de unas tijeras, cortando sólo un lado, de manera que quedan enganchadas en una de mis piernas.

No puedo más. De verdad que no puedo.
“Fóllame”.
Te lo digo con la mente, porque quiero que lo hagas pero no quiero decírtelo.
“Fóllame. Fóllame. Fóllame”

Y me follaste.
Me colocaste contra la mesa. Apoyaste mis muñecas encima e inclinaste mi espalda. Y me miraste en el espejo.

Sí. Miraste cómo me follabas en el espejo frente a la mesa. Miraste mi cara, mis ojos tapados, mi boca abierta, gimiendo.

Y me dominaste por completo.

Castigándome por haberte cabalgado mientras hablabas por teléfono el día anterior.

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10 comentarios en “A ciegas

    • Hola, @Heraldo:
      Me alegra que te gustase. Lo cierto es que me ha sorprendido que te parezca “bella”. Yo no la describiría así precisamente, pero me gusta que cada uno lo vea desde su perspectiva.
      Gracias por la invitación a tu blog.
      Un saludo,

  1. Te lo ganaste.
    Te lo ganaste por haberme cabalgado.
    Te lo ganaste por haberme bajado los pantalones, por haberte llenado la boca conmigo, por no haber podido llenarme la boca contigo.
    Te lo ganaste por haberme tenido con los ojos abiertos notando cómo el sudor me caía por la espalda y cómo mi entrepierna reventaba.
    Te lo ganaste por haberme llevado al placer del sufrimiento sin dejar que se me quebrara la voz.
    Te lo ganaste.

    Estamos en paz. O no.

  2. Me gusta como escribes las escenas eróticas, ¿ésta también está sacada de tu propia experiencia o es inventada? ¿Has pensado en dedicarte a escribir a lo Corín Tellado o Danielle Steel,

    • se me fue el dedo de aceptar, jejeje.
      Decía que la Danielle Steel esa vende libros como churros con poco argumento y escenas a tutiplén de calentura subida.
      Un abrazo!!

      • Querida @Ana:
        Si esta escena está sacada de una experiencia personal o la he imaginado no lo voy a contestar, sorry.
        Eso sí, a ver cómo leche arreglas eso de Corin Tellado y Danielle Steel, porque me parecen la cosa más cursi y hortera que puede haber sobre la faz de la tierra! Yo te mato!

        • Si te digo la verdad, a mi ambas dos individuas y muchas más que escriben literatura cursi lo que realmente me parecen son estafadoras literarias y me da vergüenza que libros como esos sean publicados, pero si venden por algo será. Lo cual no dice mucho del género humano.

Talk to me, baby

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