Del extraño comportamiento femenino II

La mujer, ese gran desconocido. La mujer terrícola, claro. Yo, en cambio, soy un dechado de claridad (ejem). Eh, chicos, tranquis que otro día os tocará a vosotros.

¿Qué es ese sentimiento de posesividad que atormenta a las mujeres  cuando atisban una posible amenaza, aunque el ser amenazador no tenga ninguna intención de amenazar?

Os cuento:

Debajo de mi casa hay un supermercado. Ahora me pongo choni y marujaca y digo que es un Condis. No suelo ir mucho, sólo cuando necesito algo urgentemente. Yo soy mucho más de barrio todavía y compro en el Mercadona, aunque muchos se empeñen en decirme que soy una ultrapija de ciudad. Bueno, pues en el Condis hay poquitos empleados puesto que es un súper pequeñín. Está el jefe, muy campechano él, que dice barbaridades a las viejas como “si no pasas por casa, llama por teléfono, a ver si te van a violar”, un chico-para-todo de un país sudamericano aún por determinar, que cobra, repone, limpia, etc, etc, una chica que está en la carnicería pero también hace un poco de todo, y una señora que también está en la carnicería. Que digo yo, mucha carne deben de vender para que la proporción de empleados carniceros sea del 50%.

La historia comienza cuando el chico-para-todo de un país sudamericano aún por determinar (al que, para abreviar, llamaremos “chico-para-todo de un país sudamericano aún por” – Es coña, le llamaremos  “el chico”, (ahí, rompiéndome los cuernos de tanto pensar). Inciso –  Como habréis visto, he comenzado una oración subordinada y no la he cerrado. No importa, es mi blog y redacto como quiero. A lo mejor si un día me invitan a escribir en otro blog redacto peor – fin del inciso.

Pues bien, para mí que el chico y la chica carnicera (en adelante “la chica”), están liados o, al menos, a ella le gusta él. Creo, eh? Porque, si no, no me entra entre ceja y ceja semejante comportamiento. Veréis. El chico este es muy educado y tal y no es nada baboso, peeeeero, digamos que muchas veces lo pillo mirándome. Es más, alguna que otra vez se ha puesto nervioso al cobrarme y esas cosas que les pasa a los hombres conmigo (ejeeeeem). Total, que al cabo de un tiempo, entro en el súper, veo a la chica y digo hola, como siempre. En lugar de hola recibo una mirada de asco. Ahhhmmm, muy bien, pues no sé. Me miro al espejo a ver si es que tengo un moco pegado en la frente, pero no. En sucesivas ocasiones vuelve a ocurrir lo mismo. No es que no me salude, no, es que me mira como si fuera a robarle algo. Y yo, que el hombre este me la refanfinfla, alucino.

De un tiempo para acá la cosa se había tranquilizado por su parte, en lugar de miradas de asco simplemente me ignoraba, lo cual supuso un gran alivio para mí. Esa tía mira de un modo muy chungo y no se lo deseo a nadie (bueno, quizá a los que se dejan los intermitentes puestos).

El caso es que hoy no tenía nada para comer y, aunque tengo una olla mágica, de momento, no fabrica ingredientes, pero todo se andará. Así que  me encontraba yo sin ingredientes para cocinar y, lo que es peor, sin tiempo para ir a comprarlos, así que me duché a toda leche y me puse un traje (de los de chaqueta de toda la vida, uno de esos con los que voy a trabajar), una blusa y unas botas (y lo de debajo también, a ver si vais a pensar que voy por ahí en plan Paris Hilton). El pelo chorreando y la cara lavada. O sea, para mear y no echar gota. Ahí que me voy al súper y, a la que entro, me encuentro de cara con ella que, esta vez, en lugar de ignorarme, me mira fijamente como si yo hubiera entrado con una camiseta mojada y nada debajo, sí, con ese odio con el que una mujer puede mirar a otra. Yo me quedé de piedra, PORQUE ESA TÍA ES MUY CHUNGA MIRANDO y, además, ¿no vió que llevaba el pelo empapado y la cara lavada? ¿Qué extraño telele le habrá entrado hoy a esta mujer al verme?

Entonces fue cuando caí en la cuenta y me pregunté:
¿A ver si voy a ser el súmum de la sensualidad con mi traje de chaqueta y mi pelo empapado y mi cara lavada y mis ojeras y mi arroz largo y mi bolsa de verduras congeladas bajo el brazo y yo no me he enterado?
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14 comentarios en “Del extraño comportamiento femenino II

  1. Pero qué raras que somos las tías. eh?
    Para mi que está que arde por zumbarse al “chico”.
    O te tiene envidia porque no trabajas en un super. Para mi todos los trabajos son buenos y solo por la situación en la que estoy ahora, sino porque he trabajado mucho tiempo en esos antros de esclavitud humana.
    Hay muchas princesas que se consideran dignas de New York y que odian por sistema a cualquiera con más suerte en la vida; quien dice más suerte dice más estudios, más oportunidades o más cojones para salir adelante.
    A mi otras mujeres muchas veces me causan vergüenza de género, o rabia, por no poderles dar un mantecao a mano abierta.

  2. Ejem… quería decir “y no solo por eso”; pero el no se quedó por el camino.
    Las maravillas de escribir con el móvil. Argggh!

  3. El tema tiene enjundia.
    ¿Te has planteado si la carnicera -que, dicho sea de paso, procura que SÓLO te mire y que cuando lo haga no tenga el cuchillote de filetear en la mano- realmente se fija en si la silicona de las tetas se te ha movido de sitio? ¿O si es que el despiporrante traje chaqueta tenía un lamparón tamaño trolebús en la solapa izquierda y tú, obsesionada por no morir desangrada sobre el cepo de la carnicería del supermercado, no te diste cuenta? ¿O sería que -despistada tú, claro- EFECTIVAMENTE ibas de camiseta mojada y sin suje a comprar el cuarto-y-mitá-mitá-cerdo-mitá-ternera y se te transparentaba todo y la paisana pensando “y yo aquí con este mandilón de plástico y mira la guarra esta qué buenorra que está a que se lleva a mi Eufrasio si lo intenta la abro en canal pero con todo la chica no es feucha hasta tiene un pase y cómo se atreve a bajar a la calle enseñado las tetas plastificadas esas que lleva que luego mi Eufrasio se pasa la noche tocando la zambomba y a mí que me den”?
    ¿Te has fijado en todo eso?
    ¿No?
    Pues ya sabes, la próxima vez, al Mercadona.
    Y mira que lleves el suje puesto.

    • Gaearon
      Usted se va a enterar mañana. Luego no me venga llorando.
      Y eso que me han dicho que hablo mucho de mis tetas, PERO ESTA VEZ NO HE SIDO YO! Si es que me lo ponéis a huevo, coño.
      Tetas plastificadas… ese es el viejo truco para que yo diga “Pero si son naturales, toca, toca y comprueba” pero te ha salido el tiro por la culata, guapo 😛

      Otras dos cosas que yo te iba a decir, neno:
      Dos palabras que odio:
      1.- braguitas. Cosa más cursi, dios.
      2.- suje. Más cursi todavía. De patadas en las pelotas hasta no parar.

  4. Que las mujeres sois posesivas no es algo que se descubriera ayer. De todos modos, la actitud a la que aludes también la he visto en los hombres. Sin ir más lejos, yo mismo la he experimentado por activa y por pasiva.

    Creo que no hay de darle demasiada importancia. Yo te aconsejo una cosa. El próximo día, si os volveis a encontrar las dos, le dices a media voz, pero bien convencida y mirando al susodicho de reojo, – Hay que ver que bueno está tu chico.

    A poder ser, mejor en caja y cerca de la puerta.

    Puedes titular la próxima entrada, Del extraño comportamiento femenino III.

    Estoy impaciente.

Talk to me, baby

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