Bajones repentinos

Y, de pronto, la realidad te pega una bofetada.

Lo que tenías en la cabeza se vuelve hacia ti, te pregunta si tienes los cojones de darle forma o no. Y te das cuenta de que sí, que lo que era una simple idea, se ha transformado en algo.

Hoy he vuelto a tener un ataque de realidad. Los cambios suelen ser difíciles.Y este está siendo especialmente doloroso. Por mucho que a veces mire hacia otro lado, por mucho que huya, que entierre la cabeza.

Sé que lo echaré terriblemente de menos. Incluso ahora, que estoy aquí sentada escribiendo, lo echo de menos. Y cuando llegue a casa por la noche, después de trabajar, y él no esté, se me vendrá el mundo encima. Y eso lo sé porque ya me está ocurriendo. Su ausencia es un puñal en el corazón y cuando sea más real que nunca, espero encontrar fuerzas para superarlo como sea.

Lo adoro. Pero no estoy enamorada de él. El concepto “pareja” entre él y yo no es compatible con nuestra realidad. Porque la vida es una puta que te quita los sentimientos que debes tener para convertir a un hombre en tu hombre. Y yo ya no tengo esos sentimientos. El, tampoco. O eso es lo que me ha intentado hacer ver. Lo miro, y lo adoro, lo adoro de verdad. Pero no como pareja.

Y esa adoración que siento por él es la que me está llevando a escribir este post con lágrimas en los ojos, a llorar desconsoladamente.

Sé que estas lágrimas no han hecho más que empezar, que me queda llorar mucho aún, que tengo un largo camino por recorrer, porque nos queremos, pero es un amor diferente. Y por el bien de ese amor, no podemos seguir juntos. Si lo hiciéramos, como hemos venido haciendo durante un tiempo, comenzaríamos a odiarnos.

No sé muy bien por qué he escrito todo esto. Supongo que para desahogarme. Pero duele. Mucho. Muchísimo. Dejar mi hogar, dejarlo a él, empezar una nueva vida. Me estoy ahogando ahora mismo. Necesito fuerzas y ahora mismo no las encuentro. Y me avergüenzo, porque ayer, hablando con alguien muy especial para mí, me di cuenta de que esto que yo estoy pasando no es nada comparado con otras cosas. Pero me siento débil. Hoy, me siento débil.

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12 comentarios en “Bajones repentinos

  1. Lamento mucho que estés pasando por una situación tan dura, normalmente cuando el amor se acaba en una pareja no lo cuentan como tú lo has hecho, con pesar, trasladándonos a los lectores el dolor por la pérdida de un sentimiento que te unía a alguien, que hacía de ese hombre, tu hombre, como tú misma has dicho.
    No podría ser más absurda e hipócrita que si te pretendiera aconsejar sobre el mal de amores y las rupturas dolorosas desde mi feliz situación actual. Así que sólo puedo desearte que encuentres pronto tu camino, un pequeño atisbo de felicidad en otra parte.
    Ánimo, amiga (porque así te considero, incluso desde nuestra virtual distancia) y que pase pronto tu pesar y te quede el dulce consuelo de los buenos recuerdos.
    Te mando un fuerte abrazo y gran beso, de esos que hacen ruido, para que veas que se te aprecia y valora por estos lares.
    Ana.

    • Ana:

      Te agradezco mucho tus palabras. No importa que creas que no me puedes aconsejar. A mí me vale con tu cariño. Nadie me puede ayudar realmente, supongo que esto se pasará. Nos seguiremos viendo y queriéndonos mucho, será alguien jodidamente especial en mi vida, no será un amigo, ni será una pareja, estará muy por encima de todo eso.

      Muchas gracias por tus abrazos y besos virtuales.

      P.D. Se me hace raro escribir más de 140 caracteres! XD

  2. Querida She Says, no soy buena escribiendo, y lo mejor que se me ocurre para animarte es enviarte el mismo cuento que en su dia me enviió un amigo en un momento de gran bajon…Espero que te guste…

    Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

    – Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

    Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…
    Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
    El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

    -No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

    Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…

    De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
    Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.

    Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

    El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

    El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

    -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

    -¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

    -Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

    El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

    Entonces el anciano le dijo:

    -Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

    ESTO TAMBIÉN PASARÁ, She Says, aunque ahora no seas capaz de ver la luz al final del tunel, y tengas que pasar por todo este dolor….pasará 😉
    Un besote

    • Hola, Su:

      Me ha encantado el cuento, de verdad. De hecho, es algo que me suelo decir a mí misma en momentos de estrés: “ya lo has superado otras veces”.

      Muchas gracias por tus ánimos, de verdad que me ha gustado muchísimo el cuento.

      Un abrazo.

  3. Siento que lo pases tan mal, pero es lo que tiene ese tipo de situaciones.

    En cualquier caso, quedate con el consuelo de que has elegido el camino correcto y no el mas facil. Y seguramente pases un tiempo que pasará muy lentamente hasta que pases página. Pero muchas personas escogen el otro camino, aun viendo que hay problemas de compatibilidad siguen estando juntos por miedo a… bueno, se podría hacer una lista de los miedos.

    Y tu no has elegido el camino de la conformidad si no el camino que sabes (en el fooooooondo) que es mejor para tí.
    Eso mismo te hace más dura. Asi que yo no veo nada de fragilidad en eso que cuentas.
    Ánimo.

    PD: yo también dejé a una persona que queria y adoraba porque nuestros puntos de vida simplemente no congeniaban en el concepto de la pareja. Me costó terminar con el asunto pero lo conseguí. A dia de hoy me alegro de haber pasado página. Aún no sé a dónde voy a ir pero el futuro pinta bueno.

    • Alberto:

      Muchas gracias por tu comentario. Recuerdo que, cuando lo leí la semana pasada, me animó mucho, en serio te lo digo.

      En mi caso seguí el camino de la conformidad durante bastante tiempo, ese camino que se toma, como tú dices, por miedo a varias cosas. Recorrí ese camino durante un tiempo bastante largo mientras era consciente de que no era el correcto. Hasta que un día pasa algo y decides hacer lo que hay que hacer.

      Te mando un abrazo. Gracias, de verdad, por tu comentario.

  4. La realidad devuelve cada golpe que le damos, pero eso no significa que vayamos a dejar de pelear. Lo llevamos escrito en el modo de funcionamiento. Lo malo es que siempre podemos pensar que no es la última vez que besamos la lona, y lo bueno es… no se, es que hoy no me aguanto.
    Un abrazo.

    • lafuentedesed:

      No sé porqué pero tu comentario me ha hecho pensar en aquello que dicen de que el tiempo lo pone todo en su sitio. Yo creo que es cierto en parte, pero que ese sitio donde se supone que todo vuelve y debe estar no es permanente. Las cosas se ponen en su sitio y se vuelven a mover y se vuelven a poner en su sitio y se vuelven a mover.

      Lo mismo ocurre con pelear: no soy una luchadora constante. A veces lucho con uñas y dientes. Otras veces prefiero quedarme quieta porque me faltan fuerzas.

      Ahora mismo no sé en qué estado estoy.

      Un abrazo.

  5. Oye, yo acabo de descubrir tu blog y me los estoy pasando en grande. Hace tiempo que colgaste estas líneas, así que supongo que ya estarás empezando a respirar sin ahogarte. Por eso te lo digo. De no ser así, pues ves espabilando.

    Estoy pensando la manera de “menearlo” (hay varias entradas que me parecen brillantes), pero, primero, no sé si esto te gustaría, y segundo, no se me acude ahora cómo hacerlo limpiamente.

    • Nnieb-Nniub:
      Agradezco mucho tus palabras y me alegro de que te lo estés pasando en grande. Sí, ya estoy mejor. Gracias de nuevo.
      En cuanto a “menearlo”, sinceramente, la palabra “brillante” en referencia a algunas de mis entradas me parece alucinante. Nunca me había planteado darle opción a “menearlo”, no considero que sea como para eso…
      Me he puesto casi roja.

  6. Hola
    Te he descubierto hoy, estaba buscando algo sobre el famoso “que aproveche” (que tanto aborrezco, creo que incluso mas que tu)
    Y de pronto me he encontrado con esto tan triste que has escrito.
    Supongo que ya estaras mas animada, si no es asi, no te preocupes hay algo que todo lo cura… el tiempo.
    Pero seguro que ya lo sabes, se te ve bastante espabilada…jejeje

    Un saludo

    Mali

    • Mali García:

      Gracias por tus palabras.
      Por fin encuentro a un alma gemela que odia el “que aproveche”. Al próximo que me lo diga le contestaré un “Gracias” con la boca llena de pan, a ver si alguna le llega al ojo.

      Hombreya.

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