Coma


Si tuviera que describir lo que ha sido esta última semana para mí, diría que he estado en coma.

Mi madre llegó el lunes de la semana pasada, fue a mi trabajo, cogió las llaves de mi casa, vino a mi casa.

A las 8 de la tarde le dije a mi jefe que me tenía que ir, él me había visto la cara, las ojeras, los ojos vidriosos, la piel gris.

Y llegué a mi casa. Ycerré la puerta. Y entré en el salón. Y me avalancé sobre mi madre. Y lloré y lloré y lloré hasta que ya no tuve lágrimas.

Durmió a mi lado, agarrándome la mano, acariciándome la cara.

Al día siguiente, mi ansiedad, mi angustia apenas me dejaban respirar. Temblor. Preocupación. Miedo. Más miedo. Médico. Baja.

La primera vez en mi vida que cojo una baja.

“Ansiedad generalizada”, dice. Gracias, doctor. Si hubiera puesto la puta realidad, ahora mismo estaría en un manicomio.

He tenido pérdidas de memoria. Ha pasado una semana de esto y es como si hubiera pasado un día, o un mes, no lo sé. He perdido la noción del tiempo.

Lo que sí sé es que tuve mucho, mucho miedo. Mucha angustia.

Pastillas que hacen que casi te desmayes. Pastillas que no te dejan pensar, que no te dejan sufrir.

Pastillas que te convierten en un ser en coma.

Ser consciente de la realidad. Saber que se ha acabado. Que la persona que amas ya no está, que ya no estará. Que todo ha sido un sueño. Que miles de detalles que te recuerdan a él ya no son nada, sólo agujas que se clavan bajo las uñas.

No recuerdo haber amado con tanta intensidad. Todavía me siento aturdida. Todavía no sé ni qué ha pasado.

Mi madre sigue aquí. Yo continúo de baja. Intento no pensar.

No entiendo nada.

Nada.

Coma.

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4 comentarios en “Coma

  1. Hola guapa,

    Espero que vaya mejor la cosa. ¿Tienes alguna dirección de e-mail donde pueda escribirte?
    Creo que tu tenias la mía.
    Un besote.

  2. Hola.
    Sabes, porque alguna vez lo hemos comentado, que no me prodigo en estos lares/affaires.
    Pero creo que es necesario que sepas que estoy.
    Y que, aunque pueda parecer irónico, no estoy aquí.
    Estoy fuera.
    En ese lugar que tanto temes (ahora) pero que huele a hogar.
    Allí donde la vida es harto más sencilla y no depende de conglomerados de siglas (adsl, wifi, wtf, omg…) y donde las vocales siguen teniendo vigencia en las palabras.
    Y, por ende, las palabras siguen manteniendo su frescura inicial alejadas del ctrl+c-ctrl+v.
    Marciana, vámonos a la calle.
    Ni hace tanto frío como dicen ni anochece tan pronto.
    Los días ya juegan a desperezarse y a hacer crecer sus brazos.
    Vámonos de este sitio, Marciana.
    La rueda seguirá girando, eso es inevitable, pero la miraremos desde fuera.
    Y goza de despampanantes ventajas:
    01. Si llevamos bocadillos de merienda a nadie le importan sus migajas (las hormigas dan su ok).
    02. Si se hace de noche nos miraremos como luciérnagas que jugan a ser linternas.
    03. Si compartimos secretos te hablaré de lo que se esconde “dentro de nada”.
    04. Si llueve, sin paraguas.
    05. Si llovemos, con calma.
    06. Si perdemos el reloj por el camino no volveremos a casa.
    07. Si necesitas abrazos, esa ronda está pagada.
    08. Si te arrodillas y me vienes con esas excusas de que estás muy cansada, miraré hacia otro lado y guardaré el ángulo muerto de mis ojitos para cuidarte otra noche.
    09. Si nos perdemos nos encontraremos de nuevo.
    10. Besos.

Talk to me, baby

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