Longa Noite de Pedra

Ayer comencé a trabajar. Contra todo pronóstico y, sin hacer caso del consejo médico de que me fuera a Vigo durante un tiempo para recuperarme, pedí el alta.

En el trabajo me recibieron con cariño. Incluso el Big Boss me dio dos besos. Se agradece.

Pero estoy muerta por dentro. No quiero pensar, no puedo pensar con claridad. He vuelto a trabajar para olvidar,  para distraerme, para no volverme loca.

En esta noche en la que se ha convertido mi existencia, resuenan los ecos de recuerdos de una vida que no sé si fue real. Chirrían los dientes. Las lágrimas se hielan. El corazón se me envasa al vacío.

Ayer llegué a casa congelada, por dentro y por fuera. El viaje en moto a las diez de la noche en esta Barcelona poseída por una inminente ola de frío hizo que el tiempo del trayecto transcurriese a cámara lenta.

Y llegué a casa con muchas, muchas ganas de llorar, como todos estos últimos días.

Mientras me desnudaba para ducharme y poder entrar en calor, me miré al espejo. No pude reprimir el llanto. Una leve mueca, un puchero de niña, asomó a mi rostro mientras comenzaron a brotar las lágrimas.

Y me vi desde fuera. Frágil, delgada, indefensa. Como una niña abandonada que sólo quiere que la quieran. Que sólo quiere que la abracen.

Allí, desnuda, frente al espejo, me vi por dentro.

Mi madre se marchó esta mañana. Han sido dos semanas conviviendo con ella 24 horas, durmiendo con ella, abrazándome, acariciándome la cara, haciéndome la comida, sufriendo por mí.

Un día, mientras paseábamos, me dijo: “Daría mi vida por ti”. Durante unos instantes y creo que aún ahora, no puedo reaccionar ante la magnitud de esa frase.

Esta mañana se marchó en un taxi que la llevó al aeropuerto.

Cuando regresé a casa, todavía olía a tabaco.

Y yo, que no soporto ese olor, estaré deseando entrar en mi casa y que huela así, y que esté mi madre y que me abrace al llegar.

Y alivie el dolor de su hija, que está viviendo una Longa Noite de Pedra.

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4 comentarios en “Longa Noite de Pedra

  1. Sigo pasando por aquí, como siempre. Y sigo sin saber exactamente qué decir que pueda ayudar en nada.
    Igual simplemente eso. Decir que no sé qué decir.
    Nunca me he cagado tanto en 1.000 kilómetros de mierda.

  2. Pasito a pasito, no puedo decir nada más que que has de luchar, aunque no tengas ganas, y si tienes que pedir ayuda, no te sepa mal o te de vergüenza el pedirla. Tu vida es más importante que la vergüenza o el pudor. No dejes de luchar. Sigo mandándote fuerzas y ánimos, cada vez que me acuerdo de ti.
    Besos.

    • Ana:

      Como siempre, gracias.
      No me da vergüenza pedir ayuda. Lo que me da miedo es cuando me niegan la ayuda, porque siento una gran decepción y mucho vacío.

      Un abrazo.

Talk to me, baby

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