Te cuido

Se mete desnudo en la cama y, de espaldas, me acaricia una pierna y las nalgas. Le acaricio la espalda y le susurro, tranquila, “duerme, te cuido”.

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M.

Mientras escribo esto, M. tiene su cabeza en mi pecho. Se ha despertado cuando cogía el móvil para escribir. Entre sueños, me pregunta qué escribo y yo le digo que es sobre este momento, que es para mi blog, uno que él no conoce y no va a conocer.

Y se vuelve a dormir, ahora con su respiración en mi oído, suave, pausada.

Medio desnudos en su cama, con sus rizos cortos, rubios, sobre mí, descanso, despierta, en un océano de calma.

La felicidad es esto.

Mierdas del trabajo

Hoy vengo a desahogarme por culpa de mi trabajo.

Mi horario es de tardes. Doy soporte al CEO y al presidente. Cada uno de ellos tiene su propia assistant, a las que yo también ayudo.

Básicamente, me estoy cansando de que se me trate como una ficha. A saber:

Desde que entré en este puesto, cuando una coge vacaciones y su jefe está, se supone que yo tengo que cambiar mi horario para que él no quede sin nadie que lo atienda durante toda la mañana. Bien, pues la secre del CEO (a la que llamaremos Eustaquia y es que con la que mejor me llevo aunque este tema no me gusta nada), tiene la costumbre de decirme tal día voy a hacer vacaciones, voy a hablar con él, a ver si quiere que vengas en mi horario o en el horario que él diga. Sigue leyendo

Blank Space

Hoy no quería ponerme traje, ni maquillarme, ni venir a trabajar.
Se me hace un nudo en el corazón y solo quiero quedarme al sol, tomarme una caña y no hacer nada.
Cuando paso un fin de semana de introspección, los lunes cuestan.
Me gusta no hacer nada.
Me gusta mirar una pared o un techo.
Me gusta estar sola porque ya no necesito a nadie.
He cambiado.

En la próxima intersección, gire a la derecha.

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Empiezas un blog, de repente te empieza a seguir gente, y esa gente te dice que le gusta tu blog, que le gusta cómo escribes. Sigues más o menos escribiendo y, un día, te das cuenta de que ya no escribes con tus dedos sino con los de tus lectores. “¿Les gustaría así? ¿Es este el estilo que buscan?” ¿Llegaré a ellos?”

Entonces, de pronto, ya no escribes tanto porque no te apetece escribir para otros, porque se te ha olvidado escribir para ti. Sigue leyendo

Una entrada salida de la nada

A veces vengo y leo lo que ha escrito esta extraña. Entro un ratito, muy de vez en cuando, y con ojos que intentan ser ajenos, me miro desde fuera.

Hoy regresé a esta casa a responder un comentario y me quedé un rato. Qué raro es verse, leerse. Qué extrañas retumban las palabras no dichas, sobre todo si esas palabras son las nuestras. Es como ver fotos antiguas en las que nos reconocemos. Algunas incluso nos hacen esbozar una sonrisa.

Este tercer párrafo, escrito tras el último sorbo de un colacao tardío, termina, de un modo grotesco, una entrada salida de la nada.

 

Potrosa II

Yo veo una clara referencia a Dexter en el fondo.

 

Esa soy yo: la de la potra del siglo. Hoy, por fin, veré a Mraz aquí, en Barcelona. Gratis. Me han tocado dos entradas y, lo sorprendente, es que sabía que me iban a tocar.

Fnac organizó un concurso en Facebook en el que había que decir por qué o por quién no te rendirías nunca (haciendo alusión a una canción de Mraz que se llama “I won’t give up”). Nos animaban a ser creativos y sorprenderlos. Sigue leyendo

No seas idiota

Foto: © 2012 Srikaton Mindarwanto

Me ha costado ponerle título a este post. En realidad no me ha costado tanto, pero es lo que me viene a la cabeza cuando escucho a cierto tipo de gente que presume de saber sobre ciertas cosas sin tener ni idea. Y no sólo presumen de saber sino que, encima, te lo quieren demostrar, cayendo en el más horrible de los ridículos.

Hay profesiones especialmente susceptibles de opiniones, parrafadas, manifestaciones de verdades absolutas y demás cosas bonitas por parte de este sector de la población que todo lo sabe. Una de estas profesiones es la de traductor. Como licenciada en Traducción e Interpretación estoy harta de los listillos que piensan que, por saber un idioma, ya sabes traducir. Por ahí los encuentras, llenándose la boca de porquerías. Pocos saben que, cuando yo hice el examen de ingreso en la facultad, uno de las partes más difíciles fue la que me retaba a demostrar el dominio de mi lengua materna.

Hace falta años de aprendizaje y, sobre todo, de práctica para ser un traductor medianamente decente y, aún así, hay casos en los que  ni siquiera llegas a conseguirlo. Con esto quiero decir que hay muy buenos traductores que no han hecho la carrera pero sí se han preocupado de tener una formación adecuada para ejercer esta profesión.

Sirva esta introducción para tratar el tema que nos ocupa: la otra profesión a la que el gran público, en general, suele recurrir para demostrar su más absoluta ignorancia es la de psicólogo. Sigue leyendo